Pinga y mantra en la misma frase.
Diría que la pinga, ahora mismo, es la única cosa honesta que conozco. En mi.
La pregunta llega en medio del fregao´ que tengo. No en la mesa de estudio sino en la cocina de la Anecúmene, limpiando la grasa que el Viejo dejó en el hierro.
¿Qué dirías si nadie te escuchara?
Esta fue la pregunta.
Diría la verdad que solo se le dice a nadie.
Que no es tanto la urgencia por escribir un mensaje sino el efecto secundario de la tensión entre mi rodilla (que tiembla por el desahucio inminente) y el neocórtex (que quiere armar un proyecto para los millones.
Diría que la pinga, ahora mismo, es la única cosa honesta que conozco. En mi. No como símbolo fálico (Ecúmene, el mundo de los libros) sino como hecho biológico puro (Anecúmene, el cuerpo). El deseo no escucha metáforas, solo sangra. Y esa es la única Impureza Activa en la que puedo confiar.
Que el Estiércol que amontono huele a oportunidad. Huele a la ruina de los símbolos que me permitía creerme especial.
Y diría, por encima de todo, que el libro no lo escribo yo. Lo escriben las 3000 páginas fallidas, el temblor de la rodilla, los apagones en Cuba, y la risa de Panurgo que me obligó a meter la pinga y el mantra en la misma frase.
En Anecúmene, el lenguaje, como no tiene audiencia, se vuelve barro útil.
Comentarios
Miriam desde las afueras de la Habana