Toque 6 ¿Todo es mente?

Nuevo día, vida nueva. 4 de octubre, día importantísimo en la religión yoruba en Cuba.

Pero me concentro hacia el interior: la mente es un puré que sale de dos ingredientes un cuerpo y un  cerebro con su sistema nerviosos cito de memoria a Antonio  Damasio de su libro El extraño orden de las cosas, de 2018.

Un desliz: ¿Podríamos los ateos vivir en una sociedad religiosa? Si la religión --cualquiera-- ejerciera un poder semejante al estado, hasta dónde permitiría la libertad de expresión y  de "no culto" de los ateos?

Muy temprano para estas preguntas. Ah, y todavía me levanto con la pinga pará. Entonces otra vez la homeostasis.

De vez en cuando. Vale, muy de vez en cuando. ¡Pero todavía el vecino de los bajos da señales de vida!

Seguimos. Bueno, me estoy ganado la vida de "activista por el lenguaje", pero algunas personas me dicen que no saben en qué consiste dicho oficio. 

--Descarado.

--Vendehumos.

--Mantenido.

--Poco hombre.

Así hablan de mi algunas mujeres, amigos y personas cercanas.


Nueva vida, día nuevo. Toque de bola 6. Me levanto con la pinga pará —no como símbolo, sino como hecho. ¿O al revés? Ni bandera ni falo ni arma ni ofrenda. Solo un pedazo de carne que insiste en estar vivo mientras el mundo exige pureza, coherencia, identidad fija, renuncia.

¿Pueden los ateos vivir en una sociedad religiosa? Claro que sí. Siempre y cuando no les pregunten por Dios. Siempre y cuando no escriban que Dios ha muerto. Siempre y cuando no se rían en misa. Bueno, esto último no está bien aunque seas ateo.

Mientras tanto escribo, me río y me levanto con la pinga pará.

Así que no soy ni ateo ni creyente: soy un cuerpo que se niega a ser traducido del todo.

El “activista del lenguaje” no defiende palabras sino los silencios entre ellas. Los huecos por donde el cuerpo respira sin permiso.

Que me llamen vendehumos. Que digan que soy un mantenido. Que murmuren “poco hombre”.

Mientras tanto sigo andando La Habana —o Madrid o donde sea— con la pinga a mano y la mente en puré.

De antemano sabiendo que la única homeostasis posible es la que incluye el desorden, la única espiritualidad válida es la que no teme al deseo, y la única verdad es esta:

No canto para ser escuchado. Canto porque el silencio me duele más. 

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